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viernes, 22 de marzo de 2013

Scarlet

Portada de "Scarlet"
"Scarlet" (en español, Escarlata), la última novela del escritor cartagenero Sergio Viñals, narra la historia de dos hermanos siameses, Aris y Nemzar, unidos durante 18 años por el abdomen, y que son finalmente separados tras una complicadísima operación. Sin embargo, el destino decide que sólo Nemzar pueda regresar a Armenia, no sin antes jurar a Aris que, tarde o temprano, volverían a encontrarse. Diez años después, durante una conferencia en Berlín, se produce el tan anhelado reencuentro, de manera casi fortuita, aunque el desenlace no será precisamente el que ambos habrían imaginado...

El título de la obra es un claro guiño a la novela de Nathaniel Hawthorne, "La letra escarlata", una de las obras maestras de la literatura norteamericana. "Cuando leí 'The Scarlet Letter' por primera vez, en 1995, en mi primer año de Filología Inglesa, me sentí totalmente frustrado: de cada 100 palabras, sólo entendía 10. Al final tuve que tragarme la película de Demi Moore para poder enterarme de qué iba la historia", comenta Viñals en una entrada de su blog, el pasado mes de Febrero. "Veinte años más tarde, el libro se me volvió a aparecer allá por dónde fuera que mirara: en la mesilla de noche, en las estanterías, en el fondo del armario... ¡hasta en cubo de la basura! Y no sólo eso, en inglés, en español, en italiano, en ruso... Me obsesioné tanto con el puto libro que al final decidí leérmelo de nuevo. Para mi sorpresa, las profundas reflexiones de Hawthorne tenían sentido, y mucho. Y fue precisamente su estilo el que me inspiró para renovarme y adoptar una nueva forma de expresarme, y eso no está al alcance de cualquiera."

Con "Scarlet", Viñals establece un claro paralelismo entre la sociedad contemporánea y la de Hester Prynne, protagonista original de "La letra escarlata", haciéndonos retroceder en el tiempo casi cuatrocientos años. A lo largo de las tres partes de las que consta la novela, el autor retrata con exquisitez la relación casi incestuosa de los hermanos siameses, tanto durante su primera etapa en la ciudad armenia de Abovyan, como tras su posterior reencuentro, ofreciendo un impecable retrato de una sociedad preocupada más en juzgar y condenar errores del pasado que en elogiar aciertos y méritos del presente, algo que, según el propio Viñals, nos hace seguir estancados pese a nuestros aparentes esfuerzos por intentar cambiar el curso lógico de las cosas.


Scarlet, al contrario que otras novelas del mismo autor, se editará únicamente en español, y estará disponible gratuitamente a partir de la primavera de 2017 mediante descarga directa a través del portal YouRead.



¿Sabías que...?

En verano de 2015, Viñals publicó en CDBaby, y en formato de descarga gratuita, un single también llamado 'Scarlet'.

sábado, 5 de mayo de 2012

Cruce de caminos

-"Izquierda... derecha... izquierda... derecha..."

Ahí estaba yo, en medio de aquel cruce de caminos, en mitad de la nada, decidiendo, una vez más, que dirección tomar. El paisaje era desolador: a mi izquierda, un largo camino de tierra presidido por un enorme árbol. Hacia la derecha, una siniestra carretera de piedras que se perdía en el horizonte.  El resto, sólo campo. Ni rastro de humanidad.


¿Izquierda o derecha?
No era la primera vez que pasaba por aquel lugar. Lo había hecho miles de veces a lo largo del último año, pero ese día todo me parecía diferente, tan extraño... Atrás quedaban las cálidas mañanas vividas semanas antes: el mal tiempo volvía a acechar. El cielo estaba cubierto de grises nubes que presagiaban una lluvia inminente. La noche había sido fresca, demasiado quizás para la época en la que nos encontrábamos. El murmullo del viento, leve pero constante, apenas me había dejado dormir. Estaba cansado, confuso, pero tenía que emprender el camino...

[...]

A los pocos minutos de haberme detenido ante aquel cruce de caminos, unas tímidas gotas de lluvia empezaron a caer sobre el parabrisas. Por un momento estuve tentado en salir del coche... Años atrás, no me habría importado acabar empapado de agua, disfrutando como un niño bajo la lluvia. Pero esta vez las circunstancias eran bien diferentes: los recientes cambios bruscos de temperatura habían mermado seriamente mi delicada salud, y lo último que deseaba era empeorar. Abrí la puerta, pero tras hacer un breve amago por salir, el sentido común me hizo permanecer en el interior del vehículo.

E hice bien: en tan sólo unos segundos, la lluvia dio paso a un fuerte chaparrón. La tierra del camino se convirtió rápidamente en un espeso barro. Apenas se veía más allá de diez metros de distancia. Esperé en el interior de mi coche durante diez, veinte, quizás treinta minutos, mientras tomaba una decisión: izquierda, derecha, izquierda, derecha...

[...]



La espera se hizo eterna. De repente, la lluvia cesó al fin. La decisión ya estaba tomada, aun sin saber muy bien qué me hizo optar por aquella opción. Así pues, arranqué el coche y giré el volante...

[...]

Vuela... pero... ¿hacia dónde?
Conduje por aquel camino pensando en qué me iba a encontrar. El cielo seguía gris. Bajé la ventanilla y asomé la cabeza para observar con detenimiento el horizonte, en busca de alguna pista que me aclarara el motivo de mi decisión. Primero miré hacia el sur: sólo campo. Luego miré hacia el este: más campo. A continuación, bajé la otra ventanilla y orienté mi mirada hacia el nordeste. Esta vez algo llamó mi atención: por un pequeño claro entraba un débil rayo de sol, haciendo visible un diminuto punto rojo se dirigía sin control rumbo a lo desconocido. Parecía una cometa... Definitivamente, era una cometa...

[...]

El final del camino
Media hora después, el camino se acabó. No había salida, únicamente unos matorrales que bloqueaban el camino y se fundían con la espesura del campo. Pero una vez más, ni rastro de civilización. ¿Quién habría construido aquella carretera? ¿Con qué fin? ¿Qué me habría llevado a mí hasta allí? Sin duda, debía haber una explicación, pero no acertaba a encontrarla.

Bajé del coche y anduve hasta el final del camino... Y entonces volví a verla, enredada entre los matorrales. Allí estaba aquella cometa roja que minutos antes había divisado en el cielo. Sucia, rasgada, dañada, casi inservible... rota. 
 
Entonces todo empezó a cobrar sentido. Comprendí que el viaje no había sido en balde, que todo tenía su razón de ser, que yo estaba allí por algo, y que el destino había puesto aquella cometa en mi camino por algún motivo. No importaba el estado en el que estuviera, el daño que había sufrido en su caída, de dónde viniera, a quién perteneciera. Aquellos rotos podrían ser reparados. Llevaría tiempo, requeriría destreza y delicadeza. Así que con mucho cuidado, cogí la cometa y la introduje en el maletero del coche, jurando que aquella cometa, tarde o temprano, volvería a volar.

Mientras regresaba sobre mis pasos, rumbo al cruce de caminos, el cielo empezó a despejarse. El sol, aunque tímidamente, volvía a brillar. Al llegar al cruce, detuve el coche y volví a hacerme la misma pregunta: "¿Izquierda, derecha, izquierda, derecha...?" Esta vez, casi sin pensarlo, giré el volante y tomé el otro camino que casi una hora antes había descartado.


Tras un par de horas conduciendo, al fin encontré los primeros signos de civilización. Un niño rubio y sonriente me saludó efusivamente desde una valla al pasar. Al verlo, bajé la ventanilla y me dispuse a devolverle el saludo... lo justo para distraerme y acabar empotrando mi coche contra un árbol...

Aquella cometa volvería a volar, y yo estaría allí para verlo, aunque fuera desde lo más alto del cielo...

Sergio V.
05-05-12