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domingo, 8 de junio de 2014

La caja de pandora

jueves, 23 de enero de 2014

Just the faces change



Just the faces change


I look around for faces I know
I never ever want to go home
My friends are in bed but I'm best on my own

I'm terrified of driving a car
Afraid I'm afraid of the dark
But it happened before in a different bar

And I know it's late but won't you take me home
I must have thought of getting out now
But how am I gonna get out
When even the names stay the same

Just the faces change

It's easier to stare at the sun
Than look at all the things that you've done
Intentions were good but so was the fun

And you know it's wrong it can't go on for long
I must have thought of getting out now
But how am I going to get out
When even the names stay the same

Just the faces change
Just the faces change

I must have thought of getting out now
But how am I going to get out
When even the names stay the same

Just the faces change
Just the faces change

© Travis

sábado, 9 de febrero de 2013

En expectativa de destino

¿Hacia dónde vamos?

En expectativa de destino...  Así estoy yo ahora...

Pero no sólo yo... todos: los funcionarios interinos (tanto los que gozan de la suerte de estar trabajando este año, como aquellos que, pese a estar en la lista, muy probablemente no volverán a trabajar en ésto en su vida). O los funcionarios en prácticas... O los que tienen su plaza definitiva... O los que están a punto de jubilarse...  O los del sector privado, o los "curritos", o los parados que se pasan los lunes al sol, o los vagos, o los antiguos especuladores, o los corruptos, o los camellos, o las prostitutas, o los sinvergüenzas que nos gobiernan... TODOS...

Todos estamos en expectativa de destino.

En mi caso, no me valió con empezar desde abajo. Ni con aceptar trabajos monótonos y absorbentes, pero que, al fin y al cabo, me fueron dando de comer. Ni con ir danzando de academia en academia cobrando miserias. Ni con andar paseándome de casa en casa impartiendo clases particulares. Ni con hacer traducciones y otras 'chapuzas' de poca monta para sacarme un puñado de euros extra. Ni con presentarme, casi por casualidad, a una oposición. Ni con pasar a ser parte de una lista de interinos. Ni con acabar trabajando de profesor 'oficial'. Ni con ir avanzando en la lista y ganando méritos. Ni con aprobar una oposición. Ni con sacarme plaza. Ni con tener un buen sueldo. Ni con tener un cargo, a día de hoy, con cierta responsabilidad...

Cuando entré en este mundillo, yo no soñaba con ésto. Al contrario. Desde la distancia, contemplaba un sueño que otros, merecidamente, habían hecho realidad, y que fue precisamente lo que me hizo plantearme: ¿por qué yo no?

Nadie me dijo que acabaría harto de muchas cosas. Harto de imposiciones. Harto de que nos corten las alas por todos lados. Harto de notar cómo me seco absorbido por la pasividad y la negatividad de los dinosaurios. Harto de no tener apoyo ante la innovación, de ser considerado un bicho raro ante cualquier sugerencia que se saliera de lo común. Harto de formarme para mejorar, y de que encima me sancionen por ello. Harto de que me estafen una y otra vez. Harto de oír quejas, quejas y más quejas, en lugar de halagos u optimismo por las pocas cosas se aún se hacen bien. Harto de ir con la lengua fuera intentando cumplir con un currículo que, por todos es sabido, no puede ser visto en su totalidad con unas garantías mínimas de aprendizaje. Harto de trabajar como un mono de circo y poner en riesgo mi salud por ello. Harto de sentir la soga en nuestros cuellos y ver que lo último que nos falta es que alguien le de la patada a la silla...

Harto, frito, o como diría en mi adolescencia, "hasta las pelotas".

Y lo que es peor, aburrido, contaminado, desmotivado y desilusionado. Echo de menos el poder conversar con mis compañeros de otras cosas que no sean los recortes que sufrimos el año pasado, las promesas no cumplidas, de políticos corruptos, de lo puteados que estamos todos... Echo de menos nutrirme de nueva savia con la que poder llenarme. Echo de menos la alegría, ilusión y entusiasmo con la que iba antes a mi trabajo.


Eso sí, de cara a mis alumnos, o por lo menos ante la mayoría de ellos, seguiré pareciendo un profesor divertido, gracioso, alocado, imprevisible, impredecible... Pero en el fondo de mí sé que, dejando a un lado mis circunstancias personales, podría estar haciéndolo mejor, mucho mejor, y que tan sólo soy la mitad de aquel gran profesor que solía ser no hace mucho. Aquel gran profesor que tenía como lema: "Nobody forgets a good teacher", y que empieza a temer que se convierta en "Nobody forgives a bad teacher".
¿Dejarse llevar, o ir contra corriente?

Pero, sinceramente, no me quedan muchas ganas, ni fuerzas. Lo único que me queda es hacer de tripas corazón y seguir luchando para coger un poco de aire y seguir adelante. Muchos no correrán nuestra suerte y caerán en el camino. Otros seguirán quejándose y dejándose arrastrar por el río pensando únicamente en agarrarse a las cañas y salvar su propio culo mientras la corriente se lleva al resto...


Pues sí, señoras y señores. Es lo que hay y así estamos todos: en expectativa de destino.

Y así me encuentro yo, reflexionando sobre ésto y transcribiendo mis pensamientos desde el ordenador de mi casa a la 1.00 de la madrugada en un día cualquiera de semana. Porque... SI.  Porque yo también tengo derecho a tener tiempo libre, y a hacer lo que me venga en gana en él. Porque, aparte de profesor, funcionario, "privilegiado", o como narices se me quiera catalogar, yo también soy persona...

Y muy maja, por cierto.

jueves, 19 de abril de 2012

El perro callejero

Ayer empecé el día de una manera aparentemente normal. Mientras desayunaba leí, como cada día, la prensa digital:  los nuevos recortes y medidas de ahorro en Sanidad y Educación, la polémica sobre la Casa Real, la derrota del Real Madrid... además de un curioso artículo sobre un hombre que murió ahogado en un lago de Chicago tras ser atacado por un cisne.

Fue lo único que me dio tiempo a leer durante los escasos 10 minutos que tardé en tomarme el café y devorar unas siete galletas danesas. Curiosamente, la noticia sobre el monarca, la polémica suscitada por su desafortunado safari en Botswana, y su posterior disculpa ante los medios de comunicación acabaría teniendo una repercusión mayor de lo que jamás habría pensado.

El debate sobre el Rey salió en los últimos minutos de clase. Yo me mantuve al márgen de la discusión, limitandome a escuchar, moderar y apaciguar la tensión que poco a poco se iba generando entre mis alumnos. Por otro lado, la opinión generalizada del grupo no quedaba muy distante de la mía propia, así que, durante unos instantes me sentí, en cierto modo, respaldado. También me enteré de otros 'secretos' que habían salido a la luz pública a raiz de la noticia.

Aunque, sinceramente, no quería saber nada más del asunto... Sólo quería irme, olvidarme de todo, descansar y acostarme pensando aquello de 'Mañana será otro día'...

El caso es que cuando llegué a casa, no tenía ganas de hacer nada. Ni tenía hambre, ni me apetecía ver el partido en la tele (gran partido, a priori, o al menos en teoría)... nada. Por absurdo que parezca, lo que hice fue agarrar la guitarra e intentar tocar y cantar aquella canción que, por alguna razón que aún desconozco, me había venido a la cabeza mientras conducía de regreso a casa.

Se trataba de 'Dama, dama', una canción de Cecilia, mejor recordada por padres y abuelos que por nosotros mismos. Mientras la ensayaba, localicé el video en YouTube (muy curioso, por cierto), y tras practicar un poco, me di cuenta de que la canción llegaba incluso a sonar bien con mi propia voz y la guitarra acústica, así que decidí apuntarla en mi lista de versiones a ensayar.

No sé cuanto tiempo pasé con la jodida canción, una hora quizás, pero cuando acabé, me di cuenta de que el partido ya había acabado y que seguía sin tener hambre, así que decidí salir a sacar la basura en mitad de la noche mientras reflexionaba un poco sobre todo lo acontecido durante el día.

A mitad del camino hacia el contenedor, observé como un perro callejero se aproximaba hacia mi a gran velocidad. Parecía conocerme de toda la vida, ya que me miraba con confianza, como si esperara ser obsequiado con algo de comer. El perro me acompañó durante el resto de camino, saltando, brincando y haciendo todo tipo de maniobras para llamar mi atención, lo cual me hizo pensar que, en algún momento de su existencia, posiblemente habría tenido dueño.


En el camino de vuelta, el perro caminaba junto a mí, a mi mismo ritmo, él un poco más adelantado que yo, tan sólo unos centímetros por delante de mí. Por un momento recordé que, no muchos años atrás, yo mismo había tenido perro. Y por un momento imaginé que ese perro era mío, que yo era su dueño... Ganas no me faltaban, la verdad.

Pero tan sólo un segundo después pensé que aquello no podía ser: por mucho que quisiera, las circunstancias no me permitían aceptar tal responsabilidad. No podía asumir semejante compromiso, ni las trágicas consecuencias en caso de llegar el momento de no poder seguir haciendome cargo de él. Eso me entristeció...

Mientras llegaba a la puerta de casa, traté de despistar al perrito para que pasara de largo, mientras yo abría la puerta y entraba. Sin embargo, el perrito se dio cuenta, y volvió rápidamente hacia mí...

Pero la puerta ya estaba cerrada, y la verja también. Desde la ventana, observé como, confuso, intentaba encontrar la apertura por la que yo había entrado, pero fue imposible. Me vio mirarlo, saltó, brincó... y finalmente, desapareció entre la espesura de la noche, olfateando, buscando comida, no sin antes echar dos o tres miradas perdidas hacia atrás, esperando una posible reacción mía que jamás llegó...

O mejor dicho, me esforcé por que no llegara. Para mí, el día había empezado de manera normal, pero había acabado de forma triste... una vez más. Para el perrito, posiblemente fuera un día más como otro cualquiera en su triste y miserable vida.

El tema del perrito me fue rondando la cabeza hasta que decidí, por fin, irme a la cama. Una última reflexión me vino a la mente antes de cerrar los ojos: yo podría haber sido aquel perrito, y aquel perrito podría haber sido yo.